Dentro de los días maravillosos en los que tuve la oportunidad de enseñar, y en los que -sobre todo- tuve la oportunidad de aprender, procuraba empezar contándoles a los niños el origen de algunas de las palabras claves. Tal vez por eso y por esas tardes de biblioteca re-conociendo muchas de las palabras que coloquialmente usaba, sé que filos es amor y sofos es saber, luego la filosofía sería el amor al saber y seguramente esa sea la razón por la cual los antiguos filósofos, especialmente los griegos, no se dedicaban exclusivamente al pensamiento, sino a las artes, a la matemática, a la física y en general a todo el saber en conjunto, de hecho y quienes conocen algo de la historia de Newton, Galileo y Da Vinci, sabrán que no se especializaban sólo en una cosa (como pareciera que es o por lo menos debiera ser en el mundo actual).
El punto es que, en el marco de definir las palabras, ahora veo tres grandes grupos de personas; la mayoría, la minoría, y los otros. La mayoría es la que no se cuestiona y traga entero, la minoría es la que es reaccionaria y cae en el juego de la manipulación, y los otros son los que no nos conformamos, ni nos quedamos en quejarnos sin proponer algo a cambio.
Pero vamos por partes, otra forma de ver estos grupos es a través de sus actitudes, no de sus consecuencias, y así que está el que tiene pensamiento crítico, el que es filósofo y el que es mamerto, y hay una diferencia bien clara entre los tres, lo triste es que a pesar de ser tan clara no resulta evidente, así que me doy a la tarea de evidenciarla y más que eso coloquializarla (por lo menos desde mi punto de vista).
Así pues, el mamerto es mamerto porque se queja y no propone, es reaccionario a veces y a veces traga entero, y es utilizado consciente o inconscientemente. De acuerdo a la definición misma es un tonto pero más que eso es el representante por excelencia de la desidia y del desánimo, es quien en los grupos crea problemas y no soluciones, o se dedica a pasarla rico sin asumir compromisos ni mucho menos responsabilidades, acá hay gente de la mayoría y de la minoría.
El filósofo es alguien más "respetado", en parte porque no se entiende, en parte porque tiende a aislarse y le pasa lo que le pasaba a Govinda (leer Sidartha de Hesse), quien se concentraba tanto en la meta que no se daba cuenta que para lograrla debía ver el entorno, pero generalmente al filósofo actual, no le importa, generalmente 'deja así' porque sabe (o cree saber) que ve más que lo que ve la mayoría, tiende a ser 'importaculista' o pesimista, luego su refugio es su propia 'sabiduría' que no comparte, que no sabe compartir y que difícilmente podría compartir porque según él, no lo entienden, acá ya es más bien la minoría.
El que tiene pensamiento crítico es aquel que se cuestiona, quien deconstruye y como esponja está dispuesto a creer si le brindan argumentos, e incluso está dispuesto a dejar de creer o creer algo diferente si descubre que estaba equivocado y el camino es por otro lado. Pero lo más importante de quien tiene pensamiento crítico, es que sabe que no se puede quedar en la teoría, sabe que debe construir y asumir riesgos porque el tiempo no se devuelve y hay mucho por hacer y hay muchos por despertar (así la mayoría no quiera o no le interese, pero de momento, pues ya llegará el día en que les interese tratar de mejorar el mundo por sus hijos), en fin, el que tiene pensamiento crítico sabe que tiene que ir con las manos al cielo para compartir, sabe que que el amor no se gasta ni es un tesoro a esconder, sino que por el contrario vive y crece cuando se brinda y cuando con él se construye, acá si estamos 'los otros'.
Todo lo anterior porque tener claras las cosas es el primer paso para construir, es necesario reconocerse a sí mismo en cada uno de los grupos, reconocerse en algún momento del propio crecimiento y/o de la propia vida, y validarse dentro de los mismos, es darle significado a cada nombre y a cada vida en contexto.
Es muy fácil criticar y gritar desde la masa, estar de acuerdo con la mayoría, pero lo que no es tan fácil es asumir la propia vida y el propio pensamiento, asumir esa carga, llevarla con orgullo y ser consecuente con ella.
Uno de los sonsontes de moda: "...soy rebelde cuando no sigo a los demás..." resulta de lo más curioso para mi, porque ese "no sigo a los demás" se canta en coro...
Alejo Martínez.
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