Una reacción que se presenta estruendosa y explosiva frente a cualquier acto que pretenda una hegemonía o dominar a su antojo lo que es propio de muchos. Reacción con gritos, abucheos y voces airadas ante cualquier acto con el que no se esté de acuerdo, es natural y debe ser entendida como desacuerdo y también como participación en la búsqueda de algún cambio.
La desobediencia se puede interpretar como una forma de vivir una experiencia distinta a lo que se está acostumbrado, es algo que genera de una u otra manera diversión y sensación de estar vivo para quien la ejerce; grupos o personas que se mueven por distintas razones pero sobre todo por lo que piensan y quieren gritarle a todos, más directamente a sus "enemigos". Reacción, resistencia y el eterno derecho a opinar lo contrario.
Lo que se busca es un espacio de tolerancia pero no de permisividad.
Pero, ¿podemos hoy en día identificar una resistencia desde su esencia? es decir, ¿se puede construir resistencia siendo parte de un sistema, estando envuelto y siendo permeable a su hábitat preestablecido desde hace ya décadas?
Es precisamente desde el arte donde se puede construir un espacio ideal para esa anhelada tolerancia, dentro del arte se pueden conseguir las herramientas necesarias (dependiendo de cada artista o colectivo) para plantear y construir ideas que vayan en contra de las normas establecidas y así generar dudas y poner en tela de juicio las supuestas verdades con las que se han construido los limites y los parámetros de la comunidad a la que pertenecemos.
El artista tiene el poder de pensar y actuar libremente, de imaginar el cambio, de poder escoger determinados medios o técnicas con las que se sienta más familiarizado para decir lo que su cabeza quiere decir o su corazón sentir. El artista tiene la libertad de moverse por diferentes niveles para mostrar otras formas posibles de convivencia, de creación y a la vez de destrucción.
Está dentro de las labores del artista ser parte activa de su comunidad y brindarle lo necesario para que ésta se mueva unida entre pensamientos propios e imaginación colectiva y auténtica, que les dé el poder de transformar y de decidir lo que verdaderamente quieren para ellos y para los que vienen creciendo.
Andrés Pongutá A.
jueves, 20 de noviembre de 2008
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