jueves, 20 de noviembre de 2008

Como jala la Ramona Parra, Editorial. Edición 2


En 1946 en medio de una manifestación en Santiago, cayó abaleada por la policía una joven comunista estudiante de contabilidad, se llamaba Ramona Parra.
En los años sesentas, en pleno auge de la izquierda Chilena, pequeños grupos de estudiantes y trabajadores empezaron a cambiar los avisos políticos que escribían a brochazos en los muros de las ciudades, por murales de colores simples pero firmes, iguales a ellos. Esos jóvenes escogieron llamarse Brigadas Ramona Parra y empezaron a pintar a Chile de arriba abajo con palomas, manos, estrellas y espigas. No eran artistas, eran simples jóvenes que junto con trabajadores decidieron pintar el país de sus sueños en las paredes de las ciudades y se convirtieron así en el símbolo de ese proceso que fue aplastado el 11 de Septiembre de 1973.
Esos murales que pintaron las brigadas Ramona Parra tenían una doble función. Por un lado, eran la televisión de los que no tenían televisión, eran el periódico de los que no tenían tiempo para leer el periódico y eran los libros de los que no podían comprarlos, ni tenían tiempo para leerlos. Eran la comunicación de los incomunicados, de los que están demasiado ocupados buscando el pan de cada día para darse cuenta quién se los quita de la boca. Por el otro lado eran un espacio de construcción y de unión de jóvenes que pintaban de noche la sociedad que construían poco a poco durante el día. Eran un espacio donde se tejían los vínculos que le daban el poder a la izquierda, eran los espacios donde se construía una nueva sociedad.
En Colombia la izquierda, angustiada y acosada por el gobierno, ha ignorado experiencias como la Chilena, que podrían bien abrirle las puertas de las enormes masas populares que hasta hoy siguen secuestradas por la ignorancia y el clientelismo. Estos murales, hechos por jóvenes trabajadores para jóvenes trabajadores son la manera perfecta de vincular a la política a las masas excluidas de su propio destino. Primero, en el proceso de desmonopolizar el arte y darle el poder de crear y mostrar a personas que nunca han tenido esa posibilidad. Y segundo creando un espacio de integración para personas que nunca han tenido la capacidad de hacerlo y cuya división es la mejor garantía de que Colombia nunca cambie.
Esa iniciativa no va a surgir del Comité Ejecutivo de ningún partido político ni de la dirigencia de ningún sindicato, si ha de empezar, empezará de la mano de jóvenes como usted y yo que decidan trasnocharse creando y mostrando el país que llevamos por dentro. En ese proceso tenemos la oportunidad de unirnos, de decorar nuestras ciudades y de obligar por lo menos a ver nuestros sueños a transmutes que de otra manera estarían mirando el piso. Si nuestros sueños son compartidos por otros colombianos, los murales crecerán como una bola de nieve que aplaste la apatía y la ignorancia, si no serán meras pinturas publicitarias que adornarán un muro que de otra forma estaría pelado y lleno de moho. Pero para saber hay que arriesgarse; la ciudad es nuestro lienzo y nuestras manos las brochas y eso, que quede bien claro, no aplica solo para pintar los muros.

Desobedece al artista

Una reacción que se presenta estruendosa y explosiva frente a cualquier acto que pretenda una hegemonía o dominar a su antojo lo que es propio de muchos. Reacción con gritos, abucheos y voces airadas ante cualquier acto con el que no se esté de acuerdo, es natural y debe ser entendida como desacuerdo y también como participación en la búsqueda de algún cambio.
La desobediencia se puede interpretar como una forma de vivir una experiencia distinta a lo que se está acostumbrado, es algo que genera de una u otra manera diversión y sensación de estar vivo para quien la ejerce; grupos o personas que se mueven por distintas razones pero sobre todo por lo que piensan y quieren gritarle a todos, más directamente a sus "enemigos". Reacción, resistencia y el eterno derecho a opinar lo contrario.
Lo que se busca es un espacio de tolerancia pero no de permisividad.
Pero, ¿podemos hoy en día identificar una resistencia desde su esencia? es decir, ¿se puede construir resistencia siendo parte de un sistema, estando envuelto y siendo permeable a su hábitat preestablecido desde hace ya décadas?
Es precisamente desde el arte donde se puede construir un espacio ideal para esa anhelada tolerancia, dentro del arte se pueden conseguir las herramientas necesarias (dependiendo de cada artista o colectivo) para plantear y construir ideas que vayan en contra de las normas establecidas y así generar dudas y poner en tela de juicio las supuestas verdades con las que se han construido los limites y los parámetros de la comunidad a la que pertenecemos.
El artista tiene el poder de pensar y actuar libremente, de imaginar el cambio, de poder escoger determinados medios o técnicas con las que se sienta más familiarizado para decir lo que su cabeza quiere decir o su corazón sentir. El artista tiene la libertad de moverse por diferentes niveles para mostrar otras formas posibles de convivencia, de creación y a la vez de destrucción.
Está dentro de las labores del artista ser parte activa de su comunidad y brindarle lo necesario para que ésta se mueva unida entre pensamientos propios e imaginación colectiva y auténtica, que les dé el poder de transformar y de decidir lo que verdaderamente quieren para ellos y para los que vienen creciendo.

Andrés Pongutá A.

Convirtiendo mis delirios en acciones

Esta oscuro y hace frío, pero esto nos conviene, la calle esta desierta y no hay señal de autoridad, mejor no podía estar. Es hora de abrir nuestras bolsas de basura. Es hora de comenzar a trabajar…

Lo primero es observar el lienzo, llevar la idea en la cabeza para que el atake sea rápido y efectivo, las funciones están asignadas, cada uno cumple su labor, desenfundamos nuestras armas, sacamos la pintura, las plantillas, el aerosol dejamos volar la imaginación, y la adrenalina es la sustancia que mejor acompaña la ocasión.

El atake visual esta en proceso, primero el fondo, después la imagen, luego los detalles. Muy poco tiempo para apreciar la labor, es hora de partir, es parte del éxito de la operación. Después podremos apreciar como simples transeúntes el resultado de la intervención. Por ahora hay que salir en búsqueda de otro lugar apropiado para la decoración.

Hemos hecho 4 atakes, y la emoción no para, se siente como si fuera la primera vez, el ruido de la urbe sirve de trasfondo, nos nutre de ciudad, de calle, de incertidumbre, de inconformidad, de hambre y pobreza, de inseguridad, de esperanza, de libertad.

Un taxista nos ve, nos pita con la intensidad propia del gremio, y finalmente nos condena “olaaaa no sea vándaloo, coja oficio”. Su presencia resulta fugaz toda su reproche no supera el minuto, continua su camino. Nuestro ánimo alterado recuerda aquel principio que resulta básico para la supervivencia en la calle “en la jugada mi parcero ke en la trampa”. Respiramos profundamente para no alterar los trazos, el olor a asfalto se hace evidente cuando la mayoría de la ciudad duerme, el viento sopla fuerte, golpea nuestras caras, estamos vivos, no es un sueño.

En ocasiones penetramos la profundidad de lo desconocido, recorremos calles solitarias, mal olientes, “peligrosas”, la idea es que dejen de serlo, la idea es transformarlas en lugares comunes, recuperarlas, adornarlas con mensajes y colores, llenarlas de fluorescencias y siluetas, darles vida, a ellas y a quienes las transitan.

A sido una noche excitante, el paisaje urbano a las “horas inconvenientes” resulta único, e inagotable, la autoridad no se ha dejado ver, la ruta ha sido un éxito, las latas escupen con esfuerzo hasta la ultima parte de su ser, de su liquido vital, y mueren, una tras una, pero han dejado huella en este mundo, todo fue por una buena causa.

Satisfechos guardamos los materiales que sobran, nos damos la mano en señal de victoria, una vez mas la hemos cometido sin sobresaltos, una vez mas hemos intervenido la ciudad, nos hemos apropiado del espacio publico y de la propiedad privada, hemos trasgredido el orden establecido, hemos dicho lo que muchos no quieren que se diga, hemos convertido a las paredes en gritos visuales de la realidad, hemos sido libres.

Son las 3:30 am es hora de ir a descansar, mañana hay que trabajar.

Arte y política, una discusión compleja.

Resulta casi gracioso que a estas alturas del siglo XXI sigamos planteándonos este tema. A estas alturas del paseo, la mayor parte de los campos en que derivó la filosofía nacida en Atenas hace más de 2000 años, se encuentran bastante bien demarcados en sus territorios de trabajo, sus grandes sistemas conceptuales y sus implicaciones sociales. La estética, sin embargo, sigue vagabundeando sin encontrar asilo en ninguna parte. Cada día se producen estudios, investigaciones, ensayos y libros que buscan abordar el problema de la belleza y todos parecen patinar hacia el infinito.

Es igualmente gracioso que el arte persista en no dejarse matar; que los museos continúen atiborrados de visitantes, las escuelas de arte se llenen de estudiantes, se realicen más exposiciones individuales y colectivas que nunca, se establezca una especie de nueva religión en búsqueda de nuevas formas, sonidos y colores, y, al mismo tiempo, tengamos que recurrir a Kant para explicarnos donde está el problema.

Creo que el gran filósofo alemán puso el dedo en la llaga al mostrar la pretensión del arte de llevar a nivel de universal el mundo de la subjetividad.

Hoy que todo está cuestionado y todos los dioses aparecen y desaparecen en fracción de segundos, cuando ya casi nadie acepta verdades eternas y ni siquiera valores universales, vemos proliferar las expresiones artísticas con el desespero que genera la ley del mercado y siempre preguntándose sobre su validez intrínseca o su trascendencia.

Lo dramático es que es el mismo arte el que se fagocita a sí mismo y cierra su propio camino en una espiral creciente hacia su fragmentación total.

Tal vez por esto, se recurre cada vez más a la historia del arte, los museos se llenan y todos nos preguntamos, por qué existen esos objetos que nos hipnotizan, nos excitan tanto, nos mueven por dentro las entrañas, sin que les hayamos hecho nada?

Qué hace que en Florencia hagamos una fila de varias horas para poder ver el David de Miguel Angel? Qué diferencia a esta escultura de otras miles que todavía se tropiezan en las calles de toda Italia? Nadie la va a comprar, nadie ha pensado en llevársela a su casa, y todos sabemos que la podremos degustar por pocos minutos.

Cuando este tema complicado se relaciona con la política se vuelve aún más confuso. Es cierto que toda obra de arte supone una actitud política del artista? Es cierto que esa actitud inicial del artista es condición necesaria para que la obra sea importante?

Preguntas así y muchas otras han estado explícitas y latentes en el análisis de todos los tiempos en Occidente. Buscamos darle al arte, tal vez, una trascendencia histórica y social, una especie de “eternidad” en una sociedad huérfana de valores eternos?

Creo que antes que dar respuestas en este asunto, lo mejor sea plantear, de la mejor manera posible, las preguntas, y dejarlas abiertas para un debate enriquecedor y fecundo.

Algunas de estas preguntas, además de las enunciadas en el párrafo anterior, podrían ser:

¿La labor del artista debe corresponder a una actitud política ante la vida, de manera tal que nos permita dilucidar qué es arte y qué no lo es? O, todo es arte?

¿El arte comprometido tiene mayor o menor validez y “futuro” del que se considera aséptico?

¿El artista está completamente libre de toda atadura social o política en su creación?

¿La mucha política le hace bien o le hace mal a la creación estética?

¿Las vanguardias y los momentos de ruptura en el arte se han originado por cambios sociales, políticos o ideológicos?

Quedan abiertas las preguntas para nuestros lectores.

Feliz día, Obama ganó la presidencia de los Estados Unidos. Estoy feliz, el mundo puede mejorar y los artistas tendrán más posibilidades de crear mundos maravillosos.

Con afecto,

Anarkos.(invitado del mes)
Investigador de arte

POLITICARTE

Edmund Burke “Cuando los ciudadanos actúen concertadamente, su libertad es poder”
Esto no es una campaña política electoral proselitista, tampoco un llamamiento a uniones pasionales masivas de protestas y marchas, ni siquiera un solitario y falaz gesto de queja o de inconformismo; mucho menos una propuesta reveladora de verdades digna de ser escuchada por su imperioso tono profético; es más un razonamiento personal que toma día a día mas vigencia y más importancia para mi propia forma de ser y de hacer, y que deseo profundamente compartir en función de poder encontrar más razones y más personas que replanteen su estilo de vida, su individualidad y su comportamiento social político, con el único fin de darle una carácter más autentico y creativo a nuestras vidas que se acaban diariamente con la rutina, con la inconsciencia, con la mediocridad y con la falta de autenticidad y de manifestación pública individual, lo que termina por acabar de paso con la vida buena que deberíamos tener la sociedad Colombiana.
Creo que no es una insensatez atreverme a partir de suponer un claro estado de animalidad en el que vivimos, ni tengo que exponer sucintamente las cifras del país y el mundo para lograr explicar el paupérrimo estado humano y social que tenemos guiados por la ilustrada y racional visión del mercado, y de los medios de comunicación, verdaderos dirigentes de este hermoso país y por lo tanto de toda su comunidad. La opinión y los medios de comunicación, son la forma de expresión mediante la cual se crea una fuerza masificada activa que participa y toma posición en las decisiones de Colombia, tanto así que logra en ocasiones derrocar, fiscales, jueces, congresistas, y hasta presidentes, o mantenerlos en el poder indeterminadamente. No obstante su gran poder, su actuar no es exactamente siempre el más adecuado ni el más brillante, menos aún, el que expresa la voluntad de la sociedad; más bien es la forma mediante la cual la sociedad es llevada a tomar una decisión o una posición. A pesar de todo, la opinión pública se manifiesta y cada vez con más poder de aceptación guiado decadentemente, por la imparcialidad de una visión “neutral y objetiva” de los medios de comunicación, que busca el beneficio de los más competentes en una guerra utilitarista y light.
El mercado y su competitividad crean al hombre como competencia del mismo hombre cual si fuésemos lobos, lo que remplaza la “inservible” relación humana por una relación meramente utilitaria. Esta concepción se junta entonces con los massmedias, para dar a luz el consumismo, es decir, dar origen a la creación de necesidades estultas a mentes dóciles que son sabiamente guiadas y rellenadas por telenovelas y productos estéticos para una vida placentera y más alejada de sí, que no genere muchas dificultades o trabajos; lo que hace más fácil el manejo de el rebaño por parte del pastor, es decir, una camino lleno de “pan y circo”
Ahora bien que se puede concretar de lo anterior?, solo quiero decir que vivimos tras una gran mentira, y que si seguimos actuando igual y pensando igual, lograremos lo que siempre hemos logrado en un país que tiene todas las posibilidades de ser un verdadero centro de bienestar y desarrollo humano. Lo primero que hay que hacer por lo tanto es recuperar el tejido social y la creatividad y autenticidad de la vida propia, como gesto de autogobierno y autodeterminación.
Debemos ser consientes de que los cambios no se dan por grandes pensadores, sino por la infinita voluntad compartida de hacerlos. Además para una sociedad basta con lo bello y lo justo, el arte, y la política para recuperar el sentido de la vida en sociedad.
POLITICARTE entonces se puede concretar en un estilo de vida que reconoce su comportamiento personal como una actitud política, pero esto solo es posible si se es consciente de que somos dueños de nuestra propia vida y de las decisiones pequeñas y grandes que tomamos para actuar, por lo tanto somos protagonistas del camino que andamos. No botar papeles a la calle, ser amable, generar confianza y sinergia, caminar, ahorrar agua, sembrar un jardín, ser sincero, generar soluciones y no más problemas, ser puntual, saludar a la gente por su nombre, ser solidario, disminuir el uso de bolsas plásticas, ahorrar luz y reciclar, son formas política y estéticas de asumir la vida, que no solo abarcan a la persona particular, a uno, sino que refieren un acto social de responsabilidad pública mediante el cual colaboramos en el ejercicio de promover lo justo y lo bello como estilo de vida.
Este tipo de actitud procura tejer relaciones sociales más fuertes y concertadas, de forma que, conscientes de su poder de autogestión y auto-gobernabilidad, hagan emerger de sus propias uniones humanas soluciones más acordes y sensatas a las problemáticas próximas de cada realidad, lo que consecuentemente acarrearía al mejoramiento de el espacio social y público, de la dinámica interpersonal; generaría más sinergia, y una comunidad solidaria que procura ciegamente el bien de todos, sin excepción alguna. Esta autodeterminación encierra la decisión de hacer prevalecer las verdaderas dificultades y problemáticas de cada grupo social para exigirle a la persona y al grupo en su condición de ser social, el deber de generar soluciones endógenas y propias, que reemplacen las soluciones generales y abstractas de las decisiones gubernamentales, tratando de realizar un cambio efectivo y permanente en el comportamiento de nuestra comunidad.
Lo bello, a través del arte cotidiano y de la creatividad en la propia autenticidad; lo justo, a través de comportamientos privados de carácter público, como la solidaridad, el respeto y la sinergia. Ambos generan ambientes más sanos, más divertidos y humanos en los cuales se abren caminos diferentes de realización y de bienestar para todos. Lo mejor aun es que este cambio no depende del presidente de turno, ni de los funcionarios públicos, depende única y exclusivamente de la conciencia y responsabilidad de cada uno de nosotros, de nuestra voluntad de cambiar y de juntarnos con los otros para hacerlo; todos somos Colombianos, seres más que capaces, dejémonos de quejas y hagámonos consientes de que el cambio parte de nosotros mismos en nuestro simple actuar en la vida diaria, hagamos de la vida una obra de arte, bella y humana, somos verdaderos agentes sociales de cambio.
“El bienestar que la sociedad entera debe promover no queda definido simplemente en términos de prestaciones materiales, sino primordialmente como calidad de vida. Se trata de ESTAR BIEN que procede de unas relaciones humanas vigorosamente dignas y justas." Irizar,l (2006) Humanismo Cívico:Hacia una Renovación Humanista de la Vida Política (I). Revista Civilizar. Universidad Sergio Arboleda
Feliz día.

Agustín Helenaro
samuelmeji@gmail.com

¡Aprovechemos la calle!

La calle es el espacio público por el cual nos movilizamos todos los días. Allí vemos infinidad de cosas: gente caminando, perros vagabundos, vendedores ambulantes, lindas chicas, policías, pero lo que más vemos es publicidad. Mera propaganda barata.
Mire a donde mire se estrella uno con un anuncio publicitario; con una marca, con un empaque, con un mensaje comercial. Algo que siempre lo invita a uno a comprar, a consumir. Es irónico; la calle que es un espacio público, es en realidad un espacio privado.
Digo que es privado porque toda esta basura publicitaria que nos llega “gratis” paga una cantidad considerable de dinero para ser mostrada. Esto hace obviamente que todos los mensajes que nos llegan "gratis" sean estrictamente comerciales.
De todos modos esto a la mayoría parece no importarle. Ahora hay publicidad en los vagones de transmilenio y dentro del transmilenio y nadie dice nada. Es más; eso fue una "ideota" que mereció hasta una nota en alguna revista de economía. Hay taxis con anuncios en el techo y nadie dice nada. Hay gente haciendo "performances" publicitarios, con carteles gigantes invadiendo el espacio público y nadie dice nada, hay bici-anuncios por la ciclorruta y nadie dice nada, hay un montón de basura pegada en la pared (verdadera contaminación visual), pero nadie dice ni mierda...
Pero vaya usted a hacer un graffiti ó un esténcil ó a pegar una calcomanía y ahí si le caen todos. Desde el celador, hasta el transeúnte. Les da miedo. Les da miedo que una persona sin uniforme alguno y sin una supuesta marca que lo patrocine, que lo avale, se ponga a fijar algo en la calle. Como que no lo comprenden. Tienen miedo que un "don nadie" venga y pegue su nombre así no más a la vista de todos. La mayoría se siente más tranquila siguiendo el orden en la fila...
Pero pues ya viene siendo hora que haya una re-apropiación del espacio público (término desgastado, pero que se ajusta como anillo al dedo a la situación) por parte de la ciudadanía en general.
Si la calle es un espacio público, ¿porque dejar que solo esté invadida de mensajes comerciales? ¿Porque no invadirla con nuestros mensajes, con nuestras propuestas, con nuestras declaraciones? No se trata de que salgamos todos en pandilla a llenar de rayones la ciudad, sino de que la sintamos nuestra y en el sentido que necesitemos o queramos usarla lo hagamos sin miedo y sintiéndonos parte de ella.
Creo yo que eso es más o menos lo que pretende el "street art" o arte callejero, vivir la ciudad de manera diferente, sentirla propia. El arte en la calle no tiene ningún otro fin de que el mostrarse. Y lo hace gratis. Cualquiera puede ver un esténcil, un graffiti, una calcomanía, un cartel, un dibujo que esté en la calle.
Partiendo de otro punto, vivimos en una sociedad en desarrollo, necesitamos hacer intercambios, mostrarnos, expresarnos, agruparnos. No sólo necesitamos mensajes de multinacionales, también necesitamos mensajes generales, mensajes subjetivos, mensajes de convivencia, imágenes surrealistas, información, información, información.

A todos nos falta mucha información y nos sobra tanta desinformación, tenemos la cabeza llena de logos y de marcas, de canciones absurdas, de héroes de mentiras, de nombres de productos.
El arte callejero pretende compartir otro tipo de información. Ya sean imágenes o imágenes con texto o sólo texto la idea es dar a conocer, expresar, compartir. Enriquecer la cultura visual desinteresadamente...
Hay un montón de gente que no compra un libro, que no se mete a internet, que no lee el periódico, hay algunos incluso que no ven televisión ni escuchan radio. Pero al salir a la calle quieran o no quieran terminan viendo publicidad.
Ahí es cuando el street art aprovecha la calle para llegarle a la gente, para hacerla reír, para hacerla llorar, para hacerla pensar, para hacerla enfadar; aprovechemos la calle para llegar al desplazado, al mensajero, al asalariado, al vago, a la prostituta, al pensionado, al indigente, al ejecutivo, al estudiante, a la ama de casa...
Aprovechemos la calle para mostrar nuestro inconformismo con la última película de Hollywood y cuando veamos el cartel pegado, saquemos el bolígrafo y tranquilamente dibujémosle el bigote estilo "Hitler" al protagonista…
Aprovechemos la calle para declararle el amor (full color) a la persona de nuestros sueños...
Aprovechemos la calle. Hagámosla nuestra. Es gratis

Toxicómano